domingo, 17 de noviembre de 2013

La burrada de la semana, arzobispo de Granada

La iglesia ya se sabe, pretendiendo imponer su retrógrado código de valores. Pero algunos van mucho más allá.No solo desprecian la igualdad de sexos, si no que, con sus actitudes incitan la violencia contra uno de los sexos, la mujer. Este es el caso de Francisco Javier Martínez, arzobispo de Granada.

Este arzobispo, que va contra la evolución de los tiempos. En su argumentación contra  las criticas que ha generado la publicación del libro 'Cásate y sé sumisa', no encuentra mejor defensa que decir que "Lo que favorece y facilita la violencia a las mujeres es la legislación que liberaliza el aborto". Se olvida el arzobispo que la actual legislación sobre el aborto tan solo permite ejercer el libre derecho de la mujer a decidir sobre su maternidad. Que la mujer puede decidir libremente ser madre o no y que nadie puede ejercer presión alguna sobre esta toma de decisión.

Francisco Javier Martínez Favorecer la violencia es otra cosa. Por ejemplo entender y propiciar que la mujer es un ser inferior al hombre, o hacer apología de la desigualdad  al promocionar que la mujer tiene que ser sumisa en su relación con el hombre y que su destino es ser buena madre y esposa. Imponer ese tipo de relación es igual a decirle a los muchos energúmenos que andan sueltos, que su pareja es como una propiedad mas y que si no es obediente y satisface sus deseos, merece ser castigada.

Además, el arzobispo, ve en esta polémica tan solo un contubernio para "dañar a la única institución que se resiste a ser domesticada por el rodillo de la cultura dominante: el pueblo cristiano". Y se jacta de que la libertad de expresión es un invento cristiano. Pues ni lo uno ni lo otro.  No solo no es que la "cultura dominante" quiera domesticar a la iglesia católica, si no que es la iglesia católica la que retente imponer a toda la sociedad española su propia moralidad. Una moralidad basada en la represión, el apoyo a los poderosos y el abandono de los más débiles y en valores retrógrados y anclados en el pasado. Y cuando habla de libertad de expresión, seguro que el arzobispo se refiere  a la libertad con que la Inquisición permitía las discrepancia con la iglesia católica. Discrepancias que casi siempre tenían como consecuencia la tortura y la muerte en la hoguera del discrepante.

No es la primera vez que el arzobispo de Granada ha sido el centro de polémicas. Desde ser multado por coacciones a un sacerdote hasta a sostener que defender el aborto justificaba la violación. La iglesia católica y su jerarquía puede imponer a sus feligreses los conceptos morales que les venga en gana. Allá ellos si lo aceptan o no. Pero no tienen el más mínimo derecho a tan siquiera insinuar cual debe ser la moralidad por la que se deben regir el resto de los mortales. Por eso el resto de los mortales tenemos el derecho y diría que la obligación de desmontar y combatir todas las injerencias que la iglesia católica y su jerarquía pretenda realizar en la sociedad civil.

Salud, República y Socialismo.

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