jueves, 13 de noviembre de 2014

El inevitable choque de trenes

Si algo está evidenciando el proceso por el derecho a decidir es la incapacidad de Mas y Rajoy de arbitrar una solución política al problema. Los dos se han puesto unas orejeras tan grandes que les impiden ver algo mas que lo que tienen delante de sus ojos.
 
Después de 9N, cuando una mayoría de la ciudadanía esperaba un punto de inflexión, lo único que se ha vislumbrado es que las posiciones siguen iguales, sino más enervadas. Parece como si no hubiera pasado nada. Y si ha pasado. Porque la jornada de movilización, porque al fin y al cabo eso era el 9N, fue un éxito. Pero un éxito que hay que valorar en su justo termino. Primero porque por parte de los independentistas no se puede hecha las campanas al vuelo, porque fueron a votar fundamentalmente los catalanes que estaban a favor del derecho a decidir y quedan muchos más catalanes que se quedaron en casa. Y segundo porque por parte de Rajoy no se puede minimizar la movilización con la excusa de que muchos más catalanes no secundario el llamamiento. El recurrido argumento de la mayoría silenciosa.
 
 
No se puede responder con el inmovilismo a lo sucedido el 9N en Cataluña. Porque el inmovilismo de Rajoy ha ido haciendo crecer la bola del independentismo catalán. Porque no se puede responder con la solución judicial a un problema que no es de naturaleza delictiva, sino político. Y porque no dar una solución política a un problema político, solo hace que el problema político se acrecienta y se encone.
 
No sirve que la lectura que Artur  Mas haga del 9N sea que la negociación con Rajoy tiene que tener como consecuencia la convocatoria legal de un referéndum para decidir sobre el nuevo estatus de Cataluña y tampoco sirve que Rajoy solo ofrezca como alternativa la legalidad vigente, lo mismo que antes del 9N. Porque decir que quien quiera reformar la Constitución que presente en las Cortes una propuesta de reforma, no significa avance alguno. Sobre todo cuando a continuación se dice que no cree necesaria la reforma, ni ofrece posibilidad alguna de llegar a un mínimo consenso de reforma.
 
Todo esto  no hace sino incrementar la situación de frentismo que cada día es más acusado en Cataluña. Porque ante las posiciones maximalistas de los nacionalistas catalanes solo se responde con la legalidad y la negación al dialogo. ¿Qué pasará cuando los de ERC ganen las elecciones plebiscitarias y proclamen, como anuncian, la independencia unilateral de Cataluña? ¿Sacará entonces, Rajoy, los tanques a la calle y suspenderá la autonomía catalana? Porque ya pocas soluciones no dialogadas le quedarían.
 
No se solucionará el problema catalán mas que con el dialogo, porque lo demás solo lleva al enfrentamiento. Con cada negativa del gobierno central solo se conseguirá un mayor nivel de frustración y ver al estado español mas como un problema que como una solución. Es como dos trenes que van por la misma vía y en distinta dirección y ninguno de los conductores quiere cambiar de vía. El choque es inevitable. Pero quien tiene más posibilidad de evitar el choque es quien tiene mayor poder de decisión. Pero en este caso Rajoy parece que no quiere evitar el choque. Debe de pensar que con el choque, la confrontación, quien pierde es el contrario. Se equivoca, aquí perderemos todos.
 
Cada día que pasa queda menos tiempo para encontrar una solución no traumática para todos. Esa solución solo puede pasar, como postulan casi todos los partidos del arco parlamentario a excepción del PP, por una reforma constitucional y transformar nuestro modelo de estado en un estado federal donde todas las partes de este estado plurinacional que es España, se sientan cómodas.
 
Queda poco tiempo para evitar el choque de trenes y evitar que las ambiciones políticas de unos y las intransigencias de otros acaben balcanizando el estado español.
 
Salud, República y Socialismo.

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