domingo, 7 de septiembre de 2014

Algunas veces somos más iguales ante la justicia

Por mucho que lo intenten algunos jueces y sobre todo este gobierno, que nos maltrata, hay días que la propia justicia pone las cosas en su sitio y hace que todos nos sintamos un poco más iguales ante la ley. Eso es lo que ha pasado esta semana con el asunto Aguirre.

Que no somos iguales ante la ley, es una verdad de Perogrullo. El gobierno del Partido Popular pone mucho empeño en ello, haciendo que la justicia no sea gratuita, haciendo que los fiscales no tengan la misma actitud ante los ciudadanos o la interpretación tan particular que a veces los jueces hacen de la legislación.

Esta semana los jueces de la Sala Sexta de la Audiencia Provincial de Madrid han enmendado la plana al juez Carlos Valle ante la calificación de los actos de la lideresa del PP, Esperanza Aguirre. Dice la Audiencia Provincial que los citados hechos (incidente de trafico) no pueden ser calificados como una falta leve de desobediencia, sino de un delito. Si el citado juez hubiera sido objetivo y hubiera tenido en cuenta la calificación de iguales incidentes, pero de ciudadanos de a pie, nos hubiéramos evitado este bochornoso espectáculo. Porque eso es en definitiva, un  bochornoso espectáculo judicial, el tratar con diferente rasero a los ciudadanos en función de su posición social.

Sin embargo la Audiencia Provincial considera que los hechos, sin entrar a jugarlos, deben ser juzgados como posible delito de desobediencia, haciendo hincapié que ellos "vendrían a suponer  una desobediencia tenaz, contumaz rebelde, decidida y terminante". Parece que la Audiencia Provincial si tiene claro que alguien que se da a la fuga y se lleva por delante una moto de los agentes, ha cometido algo más que una falta leve de desobediencia. Cualquier vulgar mortal hubiera acabado ese día esposado y durmiendo en comisaria.

No se si esto acabara en algo, porque cuando se juzgue, el juez, con la ayuda del fiscal que también considera los hechos como una falta leve, puede coincidir con la posición inicial del instructor y considerar que tan solo es una falta leve y pelillos a la mar. Eso si, si Aguirre hubiera formado parte de un peligroso piquete informativo en una huelga y se fuga de la policía, le podrían caer tres años de prisión, por aquello de la igualdad ante la ley.  
 
Aguirre es una prepotente y una soberbia y además de condesa o marquesa. Y toda esa sonrisa hipócrita y esa falsa humildad con la que contesta la decisión de la Audiencia Provincial, es solo puro teatro, fachada. Solo de pensar como lo debe estar pasando por sus adentros ya me reconforta, aunque luego digan que solo ha habido una falta leve de desobediencia. Ella tan fina, tan estirada, tan de la nobleza, que valora a la policía con doble vara de medir, una en función si actúan contra esos violentos que nos manifestamos contra los desmanes de su partido y otra cuando a ella le han pillado con el carrito de los helados, lo debe estar pasando francamente mal. Ella, que esta por encima del común de los mortales y tratada como una presunta delincuente. Pobrecita. Pues yo me alegro, que sepa que también algunas veces la justicia es más igual y ella será llevada ante un tribunal tratada y juzgada como el resto de los mortales.
 
Pero no nos engañemos, la justicia seguirá siendo desigual. Primero porque hay jueces que en lugar de interpretar la ley, la adaptan a sus convicciones morales o políticas, segundo porque el PP la quiere desigual y por eso ha diseñado una justicia a la que solo tienen acceso pleno los poderosos y tercero porque algunos acusados juegan con ventaja, los que como Aguirre o la infanta Cristina cuenta con dos defensores ante el juez, el suyo y el fiscal.
 
Salud, República y Socialismo.

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