martes, 8 de julio de 2014

Se ha ido Noa

Ayer fue un día triste para mi. Ayer nos dejó Noa. Noa era mi perra. 

Noa llegó a mi casa hace casi 16 años, cuando era poco mas que una peluda bola negra. Y me regaló 16 años de cariño y fidelidad incalculables. Pero el tiempo no perdona y actúa implacable sobre todos los seres. Noa era como una anciana de más de 100 años, a la que había que cuidar con mimo. Había que devolverle un poco de las muchas atenciones que nos había dado a los demás durante estos años
 
 
Noa era una perra que quería ser gata. De cachorro tomó la impronta de un gato que teníamos y como él, caminaba por el cabecero del sofá y saltaba, no como un perro sino como un gato, a cuatro patas. Pero sobre todo era una perra leal, dócil, dulce, cariñosa, era la bondad hecha perra. Jamás soltó un gruñido aunque se la reprendiera por alguna de sus inocentes travesuras. Jamás enseñó un diente a nadie. Era tan buena que se dejaba quitar la comida de su comedero por mi otro perro un pequeño Yorshire.

Era, Noa, una perra protectora. Cuando alguien de la familia enfermaba no se separaba de la puerta de su habitación. Cuando salíamos al campo le encantaba correr y si salía un consejo corría detrás de él, aunque nunca lo alcanzara. Al rato volvía resoplando y con la lengua fuera. Pero cuando tuve el infarto, ya no salía corriendo. Ella intuía mi debilidad y en cuando volví a salir a pasear con ella, no se separaba de mi lado. Era consciente de que yo era débil y tenía que quedarse a protegerme. Por eso es mucho lo que le debía.

Han sido casi 16 años en los que ella ha dado mucho mas de lo que ha recibido. Yo solo me he limitado a cuidarla cuando lo ha necesitado. Entre otras cosas era mi obligación porque fui yo quien decidió tenerla y no ella a mi. Noa ha sido el animal mas noble que quisiera tener una persona a la que le gusten los perros. Yo he sido afortunado por ello. Y al final solo he hecho mas que posibilitarle un transito digno, lo que cualquier persona desearía para sí.

Noa ya no está, pero será muy difícil olvidarla, porque la huella que ha dejado será imposible borrarla. Tras haber compartido casi 16 años con ella, me resulta imposible entender como hay animales que maltratan y/o abandonan a estos seres tan nobles. Noa estará siempre en mi pensamiento.

Salud, República y Socialismo.

4 comentarios:

Duende Rojo dijo...

Mis condolencias, camarada!

Antonio Rodriguez dijo...

Gracias, un abrazo.

María A. Marín dijo...

Ni te imaginas cómo lo siento.
Aunque 16 años es un premio que la vida te ha dado.
En fin, hay que reponerse y acordarse de sus "hazañas" que son las que vivirán en tu mente.
La mía, la que me va quedando, cumple 10 años y estoy tratando de que tenga una vejez buena.

Un abrazo.

Antonio Rodriguez dijo...

Llevas razón, María. Ellos nos dan mucho más de lo que reciben. Y aunque 16 años es un regalo maravilloso, perder el regalo duele mucho.
Un beso.

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