jueves, 12 de febrero de 2015

Cristobal Montoro, matón de barrio

Cristóbal Montoro más que ministro de Hacienda se está convirtiendo en el matón de barrio que usa su posición de poder, para amedrantar a enemigos políticos y a todo aquel colectivo que se atreva a criticarle a él o al Partido Popular.
 
Montoro y el PP no llevan bien las criticas, como tampoco llevan bien las consecuencias de sus mentiras y sus políticas de recortes políticos, económicos y sociales que, desde que llegaron al gobierno en 2011, han aplicado a las capas más desfavorecidas de la sociedad. Son incapaces de ver que los únicos responsables de su situación son ellos mismos por el austericidio aplicado al país.
 
Unas veces son los actores, otras los deportistas, o los medios de comunicación, o los tertulianos, o los grupos de oposición parlamentaria que critican sus erróneas políticas contra la crisis económica. A todos ellos se les amenaza con sus deudas a la hacienda publica o sus hipotéticos problemas fiscales. Montoro y el PP, porque lo único que han hecho es jalear sus bravuconadas, piensan que todo vale en política con el único objetivo que mantenerse en el poder.
 
El problema es que desde su privilegiada posición de ministro de Hacienda utiliza información confidencial para lanzar sus bravatas. Con esto, Montoro, está permanentemente al borde de la legalidad, porque no es legal ni legítimo usar información, que tiene la obligación de proteger, para amenazar y atacar a todos aquellos que son críticos con sus políticas.
 
Montoro amenaza a los críticos del PP, pero a la vez es permisible y mira hacia otro lado con los que no cumplen con sus obligaciones fiscales, pero que posiblemente sean los que apoyan a su partido, electoral y económicamente. En lugar de utilizar esa información para perseguir a los defraudadores fiscales, utiliza las unidades contra el fraude a su favor, poniendo a personas fieles al frente de ellas. En lugar de luchar contra el fraude cesa a personas que tienen la desfachatez de abrir expedientes sancionadores a los grandes defraudadores. En lugar de potenciar las unidades de lucha contra el fraude, reduce sus medios personales y materiales. En lugar de perseguir a los delincuentes fiscales, le pone a su servicio amnistías fiscales para que puedan blanquear su sucio dinero. Esa es la actitud de Montoro y el PP, ser flexible y transigente con los delincuentes fiscales afines y amenazador y bravucón con aquellos que les critican.
 
Montoro y el PP están nerviosos. Ven como cada día que pasa el desplome de sus expectativas electorales es cada vez mayor. Eso les hace que cometan error tras error, porque la ciudadanía cada día es más conscientes de que es posible el cambio político. Montoro cuando le interesa (caso Bárcenas) alega a la confidencialidad de los datos fiscales de los contribuyentes para callar en sede parlamentaria, pero se vuelve un lenguaraz cuando se trata de la oposición parlamentaria o críticos a su gestión (casos Puyol, Monedero, IU, deportistas, actores, ...). Lo mismo le pasa a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sainz de Santamaría, que se niega a opinar sobre casos como el de Bárcenas, pero se le afloja la lengua cuando se  trata de censurar a sus críticos. La imparcialidad del gobierno se debe mantener en todos los casos, no solo cuando el asunto puede escocer al partido que lo sustenta, el Partido Popular.
 
Así que, Montoro, menos bravuconadas y menos amenazas y más cumplir con su obligación que no es otro que perseguir a los defraudadores fiscales sean, estos, afines o ajenos.
 
Salud, República y Socialismo.

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