miércoles, 30 de abril de 2008

La huida de un perdedor

La política tiene estas cosas, unas veces se gana y otras veces se pierde. Unas veces estas entre los que manejan los hilos del poder, tanto interno como de la política nacional, y al día siguiente eres un militante de a pie. A pesar de que tus ideas y proyectos sean mejores que los de tu contrincante o enemigo político. El juego político no entiende de proyectos ni de ideologías solo entiende de la cantidad de apoyos que cada uno tiene en un momento concreto.

Y eso es lo que le ha pasado a Zaplana, que de estar en la cresta de la ola en la política nacional y en su partido, se quedó reducido a “diputado de a pie”, según sus propias palabras, tras perder su partido las pasadas elecciones generales. Su historia cercana es la de un perdedor. Postergado por su delfín en Valencia, Francisco Camps, que ha ido eliminando poco a poco todo vestigio de los aliados de Zaplana en la Comunidad Valenciana Tuvo, incluso, problema de encaje en la listas de las pasadas elecciones generales, cuando Camps le negó la posibilidad de incluirle en las listas de la Comunidad Valenciano y finalmente se le tuvo que hacer un hueco en Madrid.

Y se va, Zaplana, con resentimiento, “después de los importantes cargos que me ha ofrecido mi partido”, sabedor que ha sido el primero de una purga que Mariano Rajoy pretende hacer dentro del P.P. y que tras él han empezado a caer todos aquellos que pueden estorbar a Rajoy en su objetivo de hacerse con el control total de partido y afianzarse como candidato en las próximas elecciones; Pizarro, el gran mirlo blanco convertido hoy en diputado de a pie, Pujalte, Costas, etc..
Creo que con la huída de Zaplana va a ganar la política en general. Se va un personaje chulesco, con pinta de matón de barrio, más próximo a la política mafiosa italiana que de los grandes personajes que dignificaron la política con su actuación ejemplar. Un personaje insultante que ha protagonizado los espectáculos más escabrosos de la andadura parlamentaria de la anterior legislatura, defensor a ultranza de la teoría de la conspiración, al que no le ha importaba mentir de manera descarada, con tal de conseguir sus objetivos políticos.

Nos deberíamos de alegrar del abandono de la política de personajes como Zaplana, que representa los aspectos más negros, tenebrosos y negativos de lo que deber ser la función política, una digna función que personajes como Zaplana no hacen sino ensuciar y denigrar, si no fuera porque por cuando lo hacen, es para enriquecerse en la empresa privada, tal como lo han hecho otros de su misma categoría como Rodrigo Rato que anda enriqueciéndose por irse sentando unos ratitos en consejos de administración y cosas parecidas. Es una vergüenza que este personaje cambie el sillón de diputado por un sueldo de un millón de euros, aunque más vergüenza es para quien le paga ese salario, cuando dentro de poco esos mismo empezarán a exigir moderaciones salariales para salir de la crisis.

La noche de los cuchillos largos, en el P.P., no ha hecho más que empezar, de aquí a junio encontraremos más cadáveres por el camino.

Salud, República y Socialismo.

lunes, 28 de abril de 2008

Parar esta lacra

Hoy se ha celebrado el Día Internacional de la Seguridad y Salud en el Trabajo, en un momento en el que España tiene el triste privilegio de ser un de los países que tienen mayor índice de siniestralidad laboral de la Unión Europea.

En España mueren en torno a 1.400 personas todos los años en accidentes laborales. Y parece que estas cifras no significan casi nada, para los que tienen la obligación de salvaguardar la seguridad de los trabajadores y trabajadoras. Esta lacra social no tiene el interés político que otras lacras sociales si lo tienen, de lo contrario ya se habrían tomado medidas, como en otras se están poniendo, como por ejemplo los muertos en carretera.

Esta lacra social tiene varios frentes desde los que actuar. En primer lugar hacer una legislación menos permisiva, de manera que a los infractores de las normas no les salga barato incumplir las normas de seguridad. Mientras que siga siendo más barato pagar multas que tomar medidas de seguridad, empresarios sin escrúpulos seguirán jugando con la seguridad y la vida de sus trabajadores.

Del mismo modo que el que pone en riesgo la vida de los demás en la carretera, puede acabar en prisión y de manera rápida, los empresarios que ponen en riego la vida de sus trabajadores deben seguir el mismo camino.

No es comprensible que mientras existe una fiscalía especial para los delitos de tráfico o para la violencia de género, no exista otra igual para los delitos contra la seguridad en el trabajo. Esto haría que este tipo de delitos se persiguiera de una manera más eficaz.

Por otro lado es necesario incrementar los medios de que disponen las inspecciones de Trabajo, para que se pueda llegar más y mejor a las empresa que incumplen las normas de seguridad, así como dotar de poder de suspensión de una obra, por parte de los Comités de Seguridad y Salud de las empresas, cuando exista riesgo evidente de peligro para los trabajadores.

La legislación laboral en materia de contratación también influye, de manera negativa, en la cantidad de accidentes de trabajo. Los bajos salarios, que hacen necesarias largas jornadas para obtener un salario digno; los contratos de trabajo precarios, que inciden negativamente en la formación de los trabajadores y la sucesivas subcontrataciones de obras, que hacen que el subcontratista final tenga escaso margen para invertir en formación y en seguridad, forman una cadena que tiene como eslabón final el accidente laboral y en numerosas ocasiones la muerte de un trabajador.

Por último el trabajador debería ser más beligerante con la exigencia del cumplimiento de las normas de seguridad y los sindicatos más conflictivos con los empresarios y administración en su exigencia en la lucha contra la siniestralidad laboral.

Cuando se condecore con la medalla del Merito al Trabajo a un trabajador que muera en accidente de trabajo, al igual que se condecoran a los militares o policías muertos en actos de servicios, nuestros gobernantes habrán tomado, de verdad, conciencia de acabar con esta lacra social.

Salud, República y Socialismo

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